Ya han pasado tres días desde que regresamos de Minamisouma, y creo que ya me encuentro con fuerzas para relataros el viaje y mi experiencia.
Antes de nada quiero deciros que voy a referirme a lo que yo he sentido y he pensado, y que no me refiero a lo que pasa por la cabeza de Hiromi, Neftalí y Debitto.
Voy a empezar por deciros que yo hacía este viaje con bastante escepticismo. De hecho, os habréis dado cuenta de que no os di tanto la brasa con lo de la comida para los colegios como la vez anterior. De hecho, hay gente que me pidió mi número de cuenta bancaria y no se lo di. El motivo es que yo no podía creer que la situación fuera tan mala como ellos decían. Es más, empecé a pensar que la gente de Fukushima eran unos caras que pedían ayuda porque no tenían nada más entretenido que hacer. El plan del viaje, inicialmente surgió por mi desconfianza y la entrega absoluta de mi amiga Satomi en ayudar a la gente de Fukushima. Así que pensamos en ir y mirar; a ver si hacían vida normal como yo pensaba, o vivían en la mayor de las precariedades. Luego, por unas cosas y otra, terminé en Minamisouma con unas personas distintas. Aclaro esto porque Debitto ha escrito en su blog que la gente de Minamisouma se pusieron en contacto con nosotros por segunda vez para pedirnos ayuda, y eso no es cierto. En realidad, fui yo la que dije que pensaba ir a Fukushima, sin especificar el lugar, y cuando la noticia le llegó a la Sra. Endo, ella se ofreció a dejarnos su casa y a mostrarnos cómo era su día a día. Fui yo la que le pregunté si podíamos hacer algo más por ellos y entonces me dijeron que había un colegio con 400 niños que sólo comen onigiri desde que empezó el curso. Yo os trasmití su petición, pero lo cierto es que yo no creía demasiado en ella, y pensaba que eso no era más que una tontería y una forma cara de perder el tiempo.
Dicen que es de sabios rectificar. No lo sé. Lo que ahora entiendo es que es de cretinos pensar como yo pensaba.
He comprobado que en las tiendas, si bien hay ciertos platos preparados congelados, lamen instantáneo y agua mineral e incluso bebidas alcohólicas, no hay productos frescos. No busquéis leche, yogures, fruta, verdura, carne o pescado. No hay. He puesto unas fotos del supermercado con la zona de productos frescos cerrada y usada de almacén. Algunas veces se reparten verduras frescas. La abuela de la familia Endo nos contó como tuvo que hacer cola desde la seis de la mañana para recibir un tomate. Un tomate para toda la familia. Para eso es necesario ponerse a la cola a las seis de la mañana. Por lo tanto, lo que nos decían sobre que los niños no pueden tomar alimentos frescos, es cierto. Y no sólo no los toman en el colegio, el problema es que tampoco los pueden tomar en casa. Dice Debitto en su blog que se puede encontrar de todo, pero yo no lo he visto. Por supuesto que en Fukushima-shi hay productos de todo tipo, pero es que Fukushima-shi está fuera del perímetro de 30 Km en torno a la central nuclear. Posiblemente en Iwate-ken o en Miyagi-ken, también se pueden comprar alimentos. Lo que hace especial a Minamisouma y a Haramachi, que es lo que conocemos, es justamente el hecho de ser una población muy grande dentro de ese maldito perímetro.
Otro añadido a esta tontería es que desde el día de la explosión de la central hasta hace dos semanas, a esta gente les han estado diciendo que estaba terminantemente prohibido salir de sus casas. Ya me diréis quién es el valiente que sale a buscar comida para toda la población o el que entra a llevarla. Hace dos semanas se ha levantado la prohibición de transitar por las calles, sin embargo, esa situación se ha trasladado a otras áreas (luego os pongo el mapa de la zona que supuestamente tiene radiación alta y veréis que Minamisouma se ha quedado aislada, como una isla dentro de un océano de radiación). Así que pueden transitar por las calles, pero no tienen ninguna confianza en que lo que ahora dice el gobierno sea cierto y, en cualquier caso, las zonas circundantes están más radiadas que ellos, así que lo tienen mal.
Esta situación crea el grave problema de desabastecimiento de alimentos frescos en Minamisouma, a pesar de que desde hace dos semanas se puede entrar sin problemas. Más cuando la mayoría de la gente no lo sabe. Aunque el periódico Sankei trajo esta noticia el pasado domingo 29 de mayo, la gente sigue sin querer enterarse. No sé si a los que vinieron conmigo les ha pasado lo mismo, pero yo os puedo decir que cuando les he contado a mis alumnos que hemos ido a Minamisouma, a 25 Km de la central nuclear, me dicen que eso es imposible porque allí está prohibido entrar. No saben, o no quieren saber para no tener que ir, que se puede entrar sin ningún problema y que, aunque había muchos coches del ejército, en ningún momento nos paró la policía ni nos impidieron el paso a ninguno de los lugares a los que quisimos ir. En el radio de 20 Km no hay nadie. Lo han desalojado completamente y está prohibido entrar. Si alguien entra, será multado. En el radio de 20 a 30 Km se puede circular con absoluta normalidad, incluso en la zona de Iidate Mura. Nosotros hemos pasado por allí, hemos medido la radiación y nadie nos ha dicho ni una palabra. Eso sí, no he visto ningún camión de reparto.
Lo que me gustaría que supierais todos es que esa gente necesita muchísima ayuda, principalmente porque nadie quiere ir allí y nadie ayuda, y los que quieren ir, piensan que no se puede y que está prohibido. Yo os animo a todos a que vayáis y lo veáis con vuestros propios ojos.
En cuanto a la radiación, os diré que no es tan fiero el león como lo pintan. En Minamisouma, en Haramachi, los niveles de radiación no eran mucho más altos que los de Tokio, y sí eran más bajos que los de, por ejemplo, Madrid o Roma. Mientras estuvimos en Haramachi, los niveles oscilaron entre los 0.00 y 0.40 microsieverts. Y poned atención en que digo “micro” y no “mili”. Los niveles más altos los encontramos en Iidate, que llegaron a ser de 2.20 microsieverts. Y sigo llamándoos la atención sobre el hecho de que son niveles que están por debajo del umbral del peligro. No digo que no haya zonas más peligrosas, pero esas no lo son.
Llegando a Iidate pudimos observar la gran cantidad de radioactividad, Debitto dixit. Lo cierto es que la radioactividad era más bien baja para el miedo que nos están metiendo en el cuerpo. Exactamente 2.20 microsieverts la medición más alta. Es decir, 0. 0022 milisieverts si el cálculo decimal no me falla (yo también soy de letras). Eso está muy por debajo de los niveles de peligrosidad, le pese a quien le pese, y decir que la radiación es altísima, aparte de mentira, solo ayuda a fomentar el miedo y a desanimar a cualquiera que estuviera pensando en ir a ayudar.
La información que hay sobre la radiación es confusa y en muchos casos se está haciendo un uso de ella partidista, que lo único que consigue es perjudicar más a esta pobre gente. Todos los que vinieron conmigo os podrán hablar de la obsesión que tenían todos por saber la radiación de las cosas más variadas. Nuestro contador Geiger mide la radiación ambiental, pero no sirve para los alimentos. Aunque se lo decíamos, no hacían más que pedirnos que midiéramos la radiación de la comida. Están asustados, recluidos en sus casas con miedo a salir a la calle y pensando que con cada cucharada de comida que le dan a sus hijos los están envenenando. Hace dos semanas, como os he dicho, han recibido una información de expertos y del gobierno diciéndoles que pueden salir a la calle, trabajar y hacer vida normal, aunque también es posible que la situación se agrave de repente y tengan que ser evacuados obligatoriamente. Claro, si cualquiera de nosotros recibiera un mensaje similar, no sé qué pensaríamos. Y eso es lo que les pasa a ellos. Si lo queréis leer, también he puesto una foto de ese documento en Facebook.
Las personas que he visto son agricultoras. Personas sin demasiados estudios ni información sobre física nuclear. Podrían ser como mis padres o como los padres de muchos de vosotros, que no pueden usar Internet ni maldita la falta que les hace en su vida diaria, y que su forma de entretenerse es reuniéndose con sus vecinos para charlar, merendar juntos o preparar las fiestas del pueblo. Gente humilde y tranquila, que de repente ha visto cómo su vida se perdía.
Os podría contar la desolación que sentí cuando vi su pueblo arrasado por el tsunami. Os podría hablar de la tristeza de los ramos de flores junto al mar; del vacío y del silencio. Os podría contar el miedo de las familias, el desamparo al que se ven sometidos un día detrás de otro. Os podría hablar también de sus risas para espantar el miedo. Pero no quiero. Lo que deseo es que todos vosotros vayáis y lo sintáis. Deseo que vosotros, igual que yo, perdáis vuestro miedo y os acerquéis a este lugar tan impresionante, en lo bueno y en lo dramático. Nada de lo que yo os pueda decir va a igualar lo que he sentido. He sentido rabia, impotencia, tristeza, agradecimiento, alegría, esperanza… todo en menos de 24 horas. Ahora no sé bien todavía que es lo mejor que puedo hacer, pero sé que tengo que hacer algo. Y me gustaría que todos vosotros sintierais la preocupación que yo siento y, al mismo tiempo, que sintierais la emoción de saber que tenemos que hacer algo, que entre todos podemos ayudar, aunque sea de forma somera, a estas personas.
En las fotos que he puesto, veréis que el mar devuelve lo que se ha llevado. El tsunami ha sembrado caos, muerte, miseria y destrucción. Igual que el mar devuelve el daño que ha causado en forma de escombros, estoy segura de que todo el bien que podamos hacer por esta gente, algún día nos será devuelto. Y si nadie nos lo devuelve, yo misma estaré feliz sabiendo que he hecho todo el bien que estaba a mi alcance.